Cómo ha cambiado Radazul en los últimos 50 años: de costa casi vacía a zona residencial junto al mar
Quien conoce hoy Radazul, con sus edificios escalonados sobre la ladera, el puerto deportivo, la playa de La Nea y el paseo marítimo, difícilmente imaginaría el aspecto que tenía esta parte de la costa de El Rosario hace medio siglo. En apenas unas décadas, Radazul pasó de ser un tramo costero escasamente urbanizado a convertirse en uno de los principales núcleos residenciales del municipio y en una de las zonas más reconocibles del litoral oriental de Tenerife.
El cambio no se produjo de una sola vez. La llegada de la autopista, el desarrollo de las primeras urbanizaciones, la construcción del puerto, el crecimiento de los apartamentos y chalés y, posteriormente, la recuperación del frente marítimo fueron transformando tanto el paisaje como la forma de vivir en Radazul.
Los años 70: el comienzo del Radazul moderno
Para comprender la transformación hay que situarse a principios de los años setenta. El paisaje era muy diferente al actual: predominaban las laderas áridas que descendían hacia el océano y había muchas menos construcciones.
Un punto de inflexión fue el desarrollo de la TF-1, la Autopista del Sur, que mejoró radicalmente la comunicación de esta parte del municipio con Santa Cruz de Tenerife. Fuentes históricas locales sitúan precisamente en esta década el inicio de la urbanización moderna de Radazul.
La proximidad a Santa Cruz resultó decisiva. Radazul podía ofrecer algo difícil de encontrar en el centro de la capital: viviendas relativamente modernas, tranquilidad, vistas abiertas al Atlántico y acceso al mar, manteniendo al mismo tiempo una distancia razonable del área metropolitana.
Así comenzó a perfilarse una característica que continúa definiendo la zona: Radazul como lugar residencial para personas que trabajan o estudian en Santa Cruz y La Laguna pero prefieren vivir junto al mar.
El puerto deportivo cambió la relación de Radazul con el océano
Otro acontecimiento fundamental fue el desarrollo del Puerto Deportivo de Radazul.
La concesión administrativa para construir el puerto fue otorgada el 1 de octubre de 1976 por un periodo de 50 años. Es una referencia especialmente útil porque permite situar documentalmente el gran desarrollo marítimo de Radazul en la segunda mitad de los años setenta.
El puerto no fue simplemente un lugar donde amarrar barcos. Alrededor de él aparecieron actividades relacionadas con la navegación, mantenimiento de embarcaciones, vela y buceo, además de restaurantes y otros servicios.
A comienzos de los años ochenta se añadió otra pieza importante. En 1981 se autorizó la ocupación de terrenos de dominio público para construir el edificio del Club de Mar Radazul y sus instalaciones anexas.
Con piscinas, actividades náuticas, tenis, pádel, gimnasio y espacios sociales, el club terminó convirtiéndose en uno de los puntos de encuentro de la urbanización. Su propia historia describe Radazul como una urbanización nacida durante los años setenta y reconoce el papel del club como elemento vertebrador de la vida social local.
De chalés y apartamentos a una urbanización mucho más densa
Durante las décadas siguientes continuó la construcción.
Una de las particularidades de Radazul es su fuerte pendiente. Las viviendas tuvieron que adaptarse a una ladera que cae rápidamente desde la zona situada sobre la TF-1 hasta el océano. Por eso encontramos una combinación muy característica de chalés, urbanizaciones privadas, bloques de apartamentos y grandes edificios residenciales.
Radazul Bajo se densificó especialmente.
Las vistas al océano se convirtieron además en uno de los principales argumentos inmobiliarios. Incluso actualmente existen diferencias importantes entre una vivienda situada en primera línea o con terraza orientada al mar y otra situada más arriba o sin vistas despejadas.
El crecimiento fue suficientemente importante para convertir Radazul en el núcleo más poblado de El Rosario. Los datos históricos muestran bien la evolución reciente: pasó de 3.515 habitantes en 2000 a 4.804 en 2005, mientras que en 2020 alcanzaba los 4.954 residentes.
Es decir, buena parte del enorme cambio físico se había producido antes del año 2000, aunque la población continuó aumentando después.
Radazul Alto y Radazul Bajo: dos formas diferentes de vivir
El crecimiento también consolidó la división entre Radazul Alto y Radazul Bajo, separados en la práctica por la TF-1 y por una importante diferencia de altitud.
Radazul Alto adquirió un carácter fundamentalmente residencial. Radazul Bajo, en cambio, concentró buena parte de los elementos relacionados con el mar: puerto deportivo, Club de Mar, playas, paseo litoral y urbanizaciones cercanas a la costa.
Para alguien que busca vivienda, esta diferencia sigue siendo relevante.
Radazul Bajo permite llegar caminando al mar desde numerosas calles, aunque algunas pendientes son fuertes y aparcar puede resultar complicado en determinados momentos. Radazul Alto suele depender más del coche para acceder a las playas, pero ofrece conexiones rápidas con la autopista y diferentes servicios residenciales.
La gran transformación del litoral
Uno de los cambios más visibles de las últimas décadas se produjo directamente junto al océano.
Durante muchos años, disponer de costa no significaba necesariamente contar con un litoral cómodo para pasear o bañarse. La costa volcánica era abrupta y el acceso al agua estaba limitado a determinados puntos.
Esta situación cambió considerablemente con las actuaciones realizadas entre Radazul y Tabaiba.
En 2009 se adjudicó oficialmente el proyecto de acondicionamiento del frente litoral de Radazul entre el puerto deportivo y Tabaiba, con un presupuesto de licitación superior a 2,38 millones de euros.
El resultado ayudó a crear el espacio marítimo que hoy utilizan diariamente residentes y visitantes: paseo, zonas de baño y accesos mucho más cómodos al océano.
La transformación culminó en buena medida alrededor de La Nea y las playas del litoral de Radazul, que ya aparecían en 2010 como nuevos atractivos capaces de generar desplazamientos hacia la zona, especialmente durante el verano.
La playa de La Nea y un nuevo estilo de vida
La playa de La Nea representa probablemente mejor que ningún otro lugar la evolución reciente de Radazul.
Actualmente es habitual encontrar allí vecinos nadando por la mañana, familias durante los fines de semana, personas paseando perros o residentes haciendo ejercicio junto al mar.
A diferencia de destinos turísticos como Costa Adeje o Los Cristianos, Radazul mantiene un ambiente mucho más residencial. No existe una gran sucesión de hoteles, tiendas de recuerdos y restaurantes turísticos.
Y esa diferencia es importante: Radazul se desarrolló principalmente como lugar para vivir, no como gran complejo vacacional.
Para un visitante puede ofrecer menos entretenimiento comercial que el sur turístico, pero para un residente presenta otras ventajas: proximidad a Santa Cruz, acceso relativamente rápido a la TF-1 y posibilidad de utilizar el mar durante prácticamente todo el año.
Boca Cangrejo: la otra cara de la transformación
Dentro de Radazul existe además un contraste especialmente interesante: Boca Cangrejo.
Mientras buena parte de Radazul creció mediante urbanizaciones modernas, Boca Cangrejo conserva una estructura mucho más vinculada al antiguo poblamiento costero. Sus casas pequeñas, calles estrechas, plaza y ermita de la Virgen del Carmen producen una imagen muy distinta a la de los grandes bloques residenciales cercanos.
En los últimos años el núcleo se hizo conocido fuera de Tenerife por los corazones pintados en numerosas fachadas. Lo que comenzó como una iniciativa local terminó atrayendo visitantes y difusión en redes sociales.
Precisamente por eso conviene visitarlo con cierta consideración: es un barrio residencial diminuto, no un parque temático. Recorrerlo caminando y respetar entradas, terrazas y espacios privados es mucho mejor que intentar acceder con el coche hasta las calles más estrechas.
De “ciudad dormitorio” a barrio con vida propia
Durante años Radazul fue descrita como una ciudad dormitorio vinculada al área metropolitana. La expresión tenía bastante sentido: muchos residentes salían por la mañana hacia Santa Cruz o La Laguna y regresaban por la tarde.
Ese carácter no ha desaparecido, pero actualmente la vida cotidiana está mucho menos concentrada fuera del barrio.
El puerto, las playas, instalaciones deportivas, pequeños comercios, restaurantes y espacios públicos permiten realizar más actividades sin desplazarse. Incluso actuaciones aparentemente menores reflejan este cambio. En 2023, por ejemplo, se inauguró en Radazul Bajo un parque canino de unos 345 m² equipado con elementos de agility y mobiliario urbano.
Son infraestructuras propias de una zona que ya no funciona únicamente como urbanización vacacional, sino como barrio residencial consolidado durante todo el año.
¿Ha sido positivo todo este crecimiento?
La transformación tiene dos caras.
Radazul dispone hoy de servicios, playas accesibles, instalaciones náuticas y excelentes comunicaciones que no existían hace medio siglo. Para vivir cerca de Santa Cruz manteniendo contacto directo con el océano, continúa siendo una ubicación difícil de comparar con muchas otras zonas de Tenerife.
Pero el crecimiento también modificó radicalmente el paisaje.
La construcción de grandes edificios sobre una ladera muy visible desde el mar generó críticas urbanísticas desde hace décadas. Incluso fuentes dedicadas a la geografía de Canarias señalan esa doble interpretación: Radazul fue concebida como una nueva zona turística y residencial ordenada, aunque su impacto sobre el paisaje natural también ha sido cuestionado.
Además, la pendiente continúa siendo una limitación cotidiana. Dos puntos que parecen próximos en el mapa pueden estar separados por un desnivel considerable. Para personas con movilidad reducida o familias que pretenden prescindir completamente del coche, conviene comprobar las distancias caminando antes de elegir vivienda.
Radazul después de medio siglo de transformación
Comparar el Radazul de los años setenta con el actual permite observar, en pocos kilómetros cuadrados, buena parte de la evolución reciente de Tenerife.
La autopista acercó la zona al área metropolitana. Las primeras urbanizaciones ocuparon las laderas. El puerto deportivo convirtió el mar en parte esencial de la actividad local. El Club de Mar creó un importante espacio social y deportivo. Décadas después, la recuperación del litoral y playas como La Nea hicieron que la costa fuese mucho más accesible para todos.
Radazul ha perdido inevitablemente parte del paisaje abierto que caracterizaba esta costa hace medio siglo, pero a cambio se ha convertido en un núcleo residencial consolidado con una combinación poco habitual: mar, clima suave, deportes náuticos y cercanía a Santa Cruz de Tenerife.
Para entender realmente cuánto ha cambiado, el mejor recorrido es sencillo: comenzar en Radazul Alto, bajar hacia el puerto deportivo, continuar caminando junto al litoral hasta La Nea y terminar en Boca Cangrejo. En menos de una tarde se pueden observar prácticamente todas las etapas de esos cincuenta años de transformación.